martes, 10 de abril de 2018

Poesía - Jorge Arbenz

Mi dni caducará en dos mil
veintisiete cuando yo tenga
sesenta y tres años y Cristina
(piedras de fuego verde bajo
los párpados)
me haya olvidado No yo No a ella
Pensaré
La observaba cuidando a mi madre mientras me enamoraba con la tranquila alegría del hombre que declina

lunes, 3 de julio de 2017

Poesía - Jorge Arbenz

Qué tentación tan grande
relacionarme con todos
Decir "Cuánto os echo de menos"
sabiendo
todos
que es mentira
A mis vecinos
les diría que los detesto
Y sería
el hombre más feliz del mundo
al experimentar
la valentía por primera vez
Hasta ahora no
he hecho más que
mirar
escuchar
la lluvia Los
ojos cerrados y el temor a
Dios
enhiesto

miércoles, 22 de febrero de 2017

Don Antonio y la República

Algunos creemos que hay más héroes entre los maestros y los médicos que entre los soldados, aunque haya maestros y médicos sinvergüenzas, o soldados dignos de admiración y elogio. Pero hay uno que no admite matices: fue héroe, maestro, honrado y modesto; naturalmente hablo de don Antonio Machado, que un día como hoy nos dejó lleno de dolor y olvido, hace 78 años. Demasiados. 
A veces parece que España y compasión son términos antitéticos, a veces parece que nos gusta; no somos capaces de aprender de los españoles como don Antonio, nos dejan en evidencia  a todos los demás. 
Una vez escuché a un político conocido decir que a don Antonio, "a Machado" decía él, se le tenía que traer de vuelta a España con escolta montada de la Guardia Civil. Digo que habría que preguntarle al poeta, si ello fuera posible; en cualquier caso sería mejor una escolta de maestros y alumnos que fueran recitando sus poemas, inaugurando escuelas y bibliotecas e izando la bandera republicana allá donde se aspirase a vivir en un país decente, que eso era la República: una aspiración machadiana a vivir en un país leído, amable y honrado, un país en el que un hombre como don Antonio dijera con alegría, al verse reflejado: ¡Patria mía!

Yo voy soñando caminos...

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...

¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Poesía - Jorge Arbenz

Jean Seberg
sensible
hermosa frágil
actriz
y otras muchas cosas

suicida en París

madre de dos hijos

uno de ellos muerto
de manera prematura

Cortó la respiración
de Jean Paul Belmondo
Actor exquisito traidor
vendido Gracioso



viernes, 16 de diciembre de 2016

Poesía - Jorge Arbenz

Me gustan los hombres
altos delgados
para ser como ellos y
poder cruzar las piernas
al sentarme en una terraza o
mantener una conversación
animada en varios idiomas

Ser como ellos
encender los cigarrillos con estilo
o viajar regularmente al extranjero
No tener miedo a conducir ni a que
se cumplan los miedos

Ser como ellos
para detestarlos sin despertar sospechas
para no sentirme pequeño

Ser como ellos
para estar siempre moreno y
tener unos hijos adorables que me esperen
cuando vuelva del trabajo

Ser como ellos para no ser calvo
para estar acompañado Para no usar gafas

Me gustan los hombres
altos y delgados